Un saco rojo

pufMe tomé el Tram 2 para hacer combinación: Si, si… tram de tranvía, acá hay!

“El último tranvía” de Maria Elena Walsh, por Zürich no paso y por Barcelona tampoco eh, buen, sigo.

Tenía que bajarme en una intermedia y  cambiar de tranvía, bueno, bueno…  me olvidé de bajarme.

Me dije:

-Voy hasta la parada del fondo y me tomo el Bus que va a casa-.

Bajé  y cuando voy cruzando la calle hacia la parada del Bus, escucho a una señora que chistaba insistentemente a una dama muy mayor que tenía un saco rojo. La dama venía cabizbaja por la otra acera. Como no sé ni decir “mu” en alemán, la corrí. Le tiré suavemente de la manga roja a la señora, a la dama. Jugué un poquito a “dígalo con mímica”, le señalaba a la señora que estaba llamándola a los gritos desde la vereda de enfrente:

Y… ¡Que alegría la de esas dos mujeres al encontrarse! Se re-abrazaron, se las veía súper feliz.

Terminé de cruzar para donde iba y ahí me dí cuenta: mi Bus, el que lleva a casita… no no, ese… ese no pasa por “la del fondo”.

O sea: – Al pedo como bocina de avión- me dije.

Volví sobre mis pasos para enganchar otra vez el Tram 2 del que me había bajado.

Mientras cruzaba me quedé pensando: tal vez, sólo había ido hasta “la del fondo” para que la señora del saco rojo se encontrara con la “chistadora insistente”… tal vez es la última vez en su vida que se ven. Yo que sé, pensé esto porque… bueno… la señora, la dama del saco rojo… se la veía un poquito escashata a la pobre ¡Pobre!

Así que me volví feliz de haber hecho mi buena acción del día como la Girl Scout que no soy, teniendo presente que a veces, aunque los ángeles no puedan ponerme palabras en la boca para decirle a alguien, en cualquier lugar, un mensaje que tiene que escuchar; me pone acciones, sonrisas, gestos y orejas.

A veces, para ser ángel, “no hacen falta alas” como diría Silvio Rodriguez en Causas y azares. ¡Justo! Causas y azares! Azares de suerte, azares de… azares, de los azares de la vida. Y tal vez, fui hasta la del fondo, solo para que “alguien se encuentre con alguien”.

Sandra Fernandez, Un saco rojo, escrita en Zürich algún día del año 2009.

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